domingo, 24 de noviembre de 2013

Taxi Driver: ¿Héroe o antihéroe?


En Taxi Driver,  Scorsese nos presenta un drama urbano y existencial  en el que Travis, interpretado por Robert De Niro, es joven  veterano de guerra que trabaja como taxista durante las noches, que posee una conducta auto-destructiva y problemas de adaptación social. Está obsesionado con la “limpieza social” de las calles de New York, una ciudad corrompida que cobra vida al caer la noche y en la que se ambienta la decadencia humana.

Insatisfecho y en conflicto por encontrarle un sentido a su vida, Travis no es capaz de identificar su problema y es por eso que se lo adjudica a un factor externo como lo es la corrupción de la ciudad. Sin embargo, hace algunos intentos por mejorar su vida emocional y social pero fracasa. Es cuando decide en un intento más radical, que será él quien “limpie” las calles.


Casi por casualidad es que  Travis se dispone a “liberar” a Iris, interpretada por Jodie Foster, cuando es dominado por un impulso al ver truncado su plan, que en un principio era el atentado contra el candidato Palantine. Es así como se dirige al lugar donde encontrará a Iris y asesinando a todo el que se interponga, logra su misión y una vez terminada intenta suicidarse. Lo paradójico es entonces, que teniendo las características del antihéroe, termina siendo considerado un héroe por haber salvado a la joven de su proxeneta, a pesar de que realmente su intención era otra. 

Paola Gabaldon.

Toro Salvaje: la violencia y lo espiritual


El cine de Martin Scorsese, es un cine cargado de fuerza visual y  de acción,  protagonizado por personajes viscerales que traen consigo determinación y violencia, sobre todo una violencia que cubre el relato con sus fuertes acordes y se roba la atención del espectador desprevenido. La violencia, sin duda, es una parte esencial del universo scorsesiano, debido principalmente a la herencia obtenida de ese mundo de peleas callejeras y “hombres sabios”  de la Little Italia donde creció.
    Pero como nunca ha sido estrictamente un director de cine de acción, esa violencia siempre tiene un sentido, una explicación, siempre el espectador conoce sus orígenes y la relación que hay entre ella y los personajes. En Toro Salvaje, podríamos afirmar que la verdadera violencia es la que guarda internamente su personaje principal. Porque en Scorsese la violencia no es un fin en sí misma sino un medio para hablarnos de otras cosas, ya sea de ese mundo de las calles neoyorkinas que tanto conoce, o de unos personajes por los que siente fascinación.
    Sin embargo, la violencia y la acción sólo son una de las dos caras esenciales que constituyen el cine de este director. En Toro salvaje también se hace evidente este doble sentido del cine de Scorsese. De un lado, se trata de la historia del “Toro del Bronx”, como le decían a Jake La Motta por su bravura como boxeador. Una historia llena de tensión por su temperamento dentro y fuera del ring. Pero también es una historia de pecado y redención, y en el camino entre lo uno y lo otro se libra una tormentosa búsqueda para definirse como persona, como boxeador, como esposo y hermano. Porque Jake La Motta siempre quería ser una cosa pero terminaba siendo otra, entonces venía el drama de querer enderezar el camino, de reconocerse a sí mismo con lo que quería ser. Esto era verdaderamente frustrante, como cuando decía que él nunca iba ser el mejor, aunque fuera campeón del mundo, porque sería el campeón de los pesos medios, no de los pesados.
     El clímax de esta situación, que precisamente coincide con el clímax de la película, lo que demuestra cuál es en verdad la esencia de la historia, es cuando La Motta está en la cárcel. En una de las escenas más dramáticas y conmovedoras de la historia del cine, golpea la pared fuertemente con sus puños y cabeza, preguntándose ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Se trata de la auto recriminación de un pecador, pero de uno arrepentido que quiere algo distinto para sí, y sobre todo, que se concibe diferente de lo que parece ser. Es por eso que termina diciendo que no es un animal, que él no es ese hombre, al que encarcelaron y al que todos, por su culpa, dejaron solo.
Pero  en realidad Jake La Motta sí parece merecerlo en un principio. El espectador es testigo de todos sus excesos y atropellos. Sin embargo, la película de Martin Scorsese no lo juzga muy severamente, y no lo hace básicamente porque es el personaje mismo quien se juzga siempre, y con esto consigue la simpatía del director y el espectador. Es precisamente ahí donde está la grandeza de esta película y este personaje, que no son unidimensionales, que más que a un personaje vemos a un hombre, con todos sus matices. Es por eso que nadie puede decir, después de ver esta película, que condena o redime a este pecador. Nadie podría sentir absoluto desprecio por él, a pesar de todo lo malo que hace y los errores que comete, ni tampoco plena simpatía, aunque es evidente su carisma y vulnerabilidad.

Andrea Rodríguez Pernia

domingo, 17 de noviembre de 2013

Casino: El camino a la destrucción

    Ginger es una mujer muy bella, acostumbrada a obtener todo lo que quiere a como dé lugar. Sam la conoce y desde el primer momento en que la vio se enamora de ella. Ginger es el reflejo de lo que ocurre con las personas de mentes débiles al adquirir un poco de poder; se descontrolan.

    Sam creyo haber encontrado a la mujer de su vida. A pesar de conocer sus andanzas (tramposa, estafadora), decide casarse con ella. Lo que para Sam (Ace) significó una unión hecha con amor y para toda la vida, para Ginger, Sam solo fue una víctima más a quien estafar.  Aunque Ace siempre fue muy esplendido con ella, Ginger nunca abandonó su plan inicial, el cual era apoyado por Lester, su ex novio.
Su relación con Ace se fue enfriando en la medida en Sam  se obsesionaba cada vez más con mantener el orden en el casino. Esto origina un cambio en Ginger; deja de ser la mujer que se conformaba con tener un millón de dólares en joyas, y crece en ella un odio muy profundo hacia Ace.
    Se comienza  a observa el descenso de este personaje, con una profunda adicción al alcohol y a la cocaína. Pero el momento más crítico es cuando comienza a frecuentar a Nicky, mejor amigo de Sam, personaje que representa el mayor grado de suciedad y falta de moral que puede llegar a tener un ser humano.
   Finalmente, las adicciones de Ginger la llevaron a quedar sin casa y sin dinero, pues Sam decide dejarla definitivamente pues ya no soporta sus adicciones. Ginger termina, más hundida en sus vicios y muere de sobredosis en el pasillo de un hotel, con solo 2, 36$ en el bolsillo. 

Andrea Rodríguez Pernia

Taxi Driver: El lado oscuro de Nueva York



     Travis Bickle, un hombre de 26 años ex veterano  de guerra se encuentra en un momento de total inconformidad con respecto a lo que resultó ser su vida. En un afán de mejorar su situación, Travis decide buscar trabajo en una línea de taxis en Nueva York, ya que no pudo contra su severo insomnio, decide trabajar de noche. Su nuevo trabajo no lo llenaba de satisfacción, pero por lo menos ahora si pensaba que su vida tenía más sentido.
     Durante sus largas horas de trabajo, Travis recorría la ciudad de NY de cabo a rabo a altas horas de la noche, hecho que le permitió conocer su lado más oscuro: prostitución, drogas, asesinatos, corrupción, y violencia. A medida en que el personaje se adentraba en las noches de la ciudad, iba creciendo su descontento e inconformidad. Así mismo se lo expresó al senador Charles Patentine cuando se le presentó la oportunidad de tenerlo en su taxi: “bueno, en realidad creo que esta ciudad hay que limpiarla. Hay que acabar con la suciedad desde su raíz y sin compasión”. Claramente, el descontento de Travis aumentó, y con él su paranoia.
    El personaje pasa de ser una persona solitaria y triste a un paranoico peligro que comienza un entrenamiento prácticamente “militar” para tomar la justicia por sus propias manos. En su afán por acabar con “la suciedad” de la ciudad, Travis conoce a una joven prostituta de 14 años llamada Iris.  Iris y Travis establecen relación, pues este le plantea que la ayudaría a salir del mundo de la prostitución, cosa que ella nunca se negó a hacer pero que, finalmente,  se logra concretar  cuando Travis en toma la radical decisión de matar a su proxeneta ya todo aquel que estuviera envuelto en ese negocio.

Esta última acción por parte del personaje refleja el objetivo que tenía su repentino cambio de personalidad. Además, la historia muestra una cruda crítica por parte de Scorsese hacia los vicios urbanos en los que se encuentra  sumergida esta ciudad que él tanto admira, pero que está repleta de violencia, humo y putrefacción. 

Andrea Rodríguez Pernia

Scorsese: un taxista en Nueva York

 Por: Víctor De Abreu

Taxi Driver contiene diversos elementos que permiten catalogarla como una película exitencialista, donde el personaje principal se cuestiona constantemente sobre el camino que debe tomar para alcanzar la felicidad. Travis, interpretado por Robert De Niro, está siempre insatisfecho con la vida que lleva, y lo que es peor, no sabe qué debe hacer para estar a gusto consigo mismo. Esta pugna constante mantiene la tensión sobre el espectador, quien se pregunta qué pasará con Travis y si este logrará resolver su conflicto interno.

En la primera escena, se puede observar mucha presencia del color rojo y un vehículo que es rodeado por excesivo humo, acompañado de un sonido de suspenso. El primer encuadre son los ojos de Travis, quien en medio de un ambiente lluvioso suele tener imagenes distorsionadas que se asemejan a sus recuerdos. Esta escena delata que Travis es un personaje introvertido, triste, que se ahoga en los recuerdos y el dilema de: "¿Qué estoy haciendo yo con mi vida?". El carro parece ser el lugar ideal para que el personaje se realice estas preguntas y analice el sentido de su existencia. Este elemento se afianza cuando Travis acude a buscar trabajo en la línea de taxi y menciona la frase "No puedo dormir, así que preferiría trabajar de noche".

Hay un elemento irónico cuando a Travis le piden la licencia de conducir y dice: "Mi licencia está tan limpia como mi consciencia", pues se trata en realidad de un mensaje contradictorio para el espectador, diciéndole que, en efecto, la consciencia de Travis no está tan limpia como su licencia, sino que está contaminada de ideas negativas.

El taxi, como símbolo, no solo permite contar la vida de Travis sino mostrar todo lo que una ciudad como Nueva York guarda dentro de sí. La mayoría de las historias de una ciudad, de un país y de una sociedad se pueden revelar mediante la figura del taxista, lo cual hace que este símbolo sea perfecto para que Scorsese pueda mostrar esa Nueva York que él dice extrañar: llena de prostitutas, drogadictos, trasvestis y basura.

El apartamento de Travis es un completo desorden, el cual establece una analogía con lo que es su vida. Su cabeza está tan desordenada como su apartamento y necesita algo o alguien que lo ordene, que le de sentido y limpieza. Este elemento se refueza cuando, al regresar del cine porno, dice: "12 horas trabajando y sigo sin poder dormir. Debo darle sentido a mi vida. No creo que uno deba dedicar su vida a autorealizarse morbosamente"

La afición de Travis por el cine porno parece dilucidar que, en efecto, lo que le agobia es la soledad, la falta de una mujer que pueda acompañarle y encaminar su vida. Esto se reafirma a lo largo del film cuando ve videos de bailes de graduación, parejas bailando y negros caminando con prostitutas.

La primera salida de Travis con Betsy, cuando la lleva al cine porno, muestra su torpeza para tratar a las mujeres, lo irónico y lo insólito que puede ser para una persona llevar a una mujer a ver una película pornográfica, así como la convicción de que, en realidad, Travis no está hecho para conquistar mujeres por más que lo desee, pues no tiene ni el tacto ni la habilidad para tratarlas.

Hay un instante en el que Travis le pide un consejo a su compañero taxista y este le dice que disfrute de su trabajo, pues con el tiempo va descubriendo que este le va dando forma a su vida. Que se emorrache, que folle; en pocas palabras, que disfrute su vida y no se preocupe por banalidades. Sin duda, esto es un dilema al que se enfrenta toda persona durante su vida: disfrutarla o preocuparse por ella. Scorsese parece estar más del lado de los existencialistas, de quienes se preocupan por qué deben hacer con su vida y si lo que están haciendo los está llevando a la felicidad.

El momento de mayor destrucción para el protagonista ocurre cuando decide comprar armas para matar a Palantine. Por algún momento, alarma el hecho de que Travis ensaye frente al espejo cómo va a matarlo, el corte de cabello que se hace y la actitud psicótica con la que mira al espejo. En ese instante, Travis parece haber perdido toda capacidad de control sobre si mismo.

El momento de destrucción viene acompañado de uno de recuperación, y no es otro sino cuando conoce a Iris, la pequeña niña prostituta que está atrapada por un proxeneta a quien Travis decide matar. Es irónico cómo Travis le da consejos a Iris sobre lo que debe hacer con su vida cuando él ni siquiera sabe qué hacer con la suya.

Cuando Travis logra matar al proxeneta y a liberar a Iris de la prostitución parece redimirse consigo mismo. Aquel personaje malo en el que se convirtió alguna vez parece renovarse en el Travis bueno que alguna vez fue, gracias a la gratificación de ayudar a Iris y al reconocimiento de sus cercanos, tanto de Betsy como de los familiares de Iris.

Todos estos elementos reafirman que Travis parece ser un reflejo de la vida de Scorsese, de su dilema existencial y de su poca habilidad para tratar a las mujeres. Es un reflejo de la Nueva York que el extraña y desea que algún momento volviese, esa ciudad tan caótica como fascinante, llena de historias para contar. Al igual que Scorsese, Travis termina asumiendo que tendrá que vivir con la falta de compañía de una mujer y seguir adelante, sin preocuparse tanto por dilemas existenciales.


@Vicdeabreu


domingo, 10 de noviembre de 2013

Casino: Los invitados

Cuando uno es un invitado, uno se adapta a cómo funcionan las cosas en el sitio a donde llegó. Pero los mafiosos en Casino hicieron de Las Vegas su casa, pasando sutilmente por eso encima de todo y de todos. Las consecuencias no tardaron en aparecer.


Estos mafiosos jugaron por sus propias reglas del juego, se rigieron según las normas apegadas a su estilo de vida y juzgaron según su propio código moral. Pero a diferencia de Goodfellas y de Mean Streets, ya no están en su “pequeña Italia” de Brooklyn, aquí  son invitados. El contexto es tan hostil como un desierto, literalmente como el desierto de Mojave que rodea Las Vegas. Palabras lapidarias las que le dice el vaquero a Ace, Sam Rothstein, luego de que éste despidiera a su inútil cuñado del casino: “Mr Rothstein, su gente nunca comprenderá cómo funcionan las cosas aquí. Son todos invitados pero actúan como si estuvieran en casa. Déjame decirte algo, socio. Esta no es su casa”.


Estamos nuevamente en el área moral, en la que Scorsese insiste. Una vez más aparece el tema de la infidelidad amorosa, familiar y comunal. El contraste en el que se mueven los personajes entre infidelidad y lealtad es casi irónico. Tan contradictorio como cualquier figura no-ficcional.


A diferencia de Goodfellas, en cuanto a la infidelidad en relación de pareja, en Casino ésta recae sobre el personaje la esposa, Ginger (Sharon Stone), quien traiciona a Ace con su amigo de la infancia Nicky. Esto termina de detonar la relación de Nicky y Ace que viene mal por los ruidosos e innecesarios problemas que Nicky está ejecutando, salpicando la buena imagen de hombre de negocios que ha intentado construir Ace. Paradójicamente, en la distancia tomada por los conflictos entre ambos caballeros, Ginger drogada y desesperada por tener su parte del dinero le suplica a Nicky, su nuevo protector y amante, que mate a Ace. “Lo conozco desde hace 35 años. De verdad crees que lo voy a matar por ti?”, responde Nicky. Infidelidad versus lealtad.
 

Una vez más vemos cómo los superiores, los de “arriba”, se involucran los conflictos amorosos para detenerlos. En una genial escena, Gaggi le pregunta a Frankie, el más cercano de Nicky, si este último realmente está teniendo una aventura con la esposa de Ace. La imagen en pantalla se congela con un plano medio corto de Frankie y se convierte en el narrador. En voz en off escuchamos cómo Frankie tomó la decisión de arriesgar su vida y mentirle al más alto de todos los superiores de la mafia salvarle la patria a Nicky, aunque sabía que tarde o temprano ninguno (ni Ace, ni Ginger ni Nicky) tendría salvación. Infidelidad versus lealtad. En Casino, el mayor problema está en que este tipo relaciones extra-maritales son malas para el negocio. En tanto que en Goodfellas, la respuesta que le dan a Henry cuando quiere dejar a Karen es que lo más importante es la familia. Una vez más el recuerdo de que ya no estamos en casa, en la Pequeña Italia, sino en Las Vegas, y aquí lo primordial es el negocio.

 


Una vez más, Scorsese nos muestra los mejores momentos de un imperio y su caída. Vemos cómo al principio de la historia importa la distribución en partes iguales de los blueberries para los ponquecitos, y cómo al final, lo único que importa es cómo hace cada personaje para pelear por lo que cree suyo, para obtener todos los "ponquecitos" que creen que les pertenecen. Pero malas decisiones fueron tomadas en el camino y las consecuencias no tardan en llegar, tal como presagió el vaquero Patt Webb.

Por Rebecca Perich 

Las luces del Casino




Una gran explosión en menos de cinco minutos de película transcurridos parece ser el motivo perfecto para seguir viendo "Casino". 

Martin Scorsese utiliza una vez más el elemento del fuego para redimir a un personaje del cual todavía no sabemos nada, únicamente que ahora vuela debido a tal detonación.  También, a través de la música, se despierta un ambiente de cierta índole celestial que se reflejará en toda la película a través de la particular y surrealista iluminación o en ciertos elementos como el humo, utilizado en escenas donde la tensión predomina.

La forma narrativa de la película es bastante interesante, pues a pesar de que la historia se cuenta a través de voces en off, las cuales notamos que forman parte del estilo de Scorsese, en un principio se puede pensar que Sam nos cuenta su historia en retrospectiva, pero luego, al escuchar a Nicky y otros personajes aclarando desde un punto de vista externo las acciones que van sucediendo, podrías llegar a pensar que estos están junto a ti viendo el film explicando cada cosa que sucede.

El resplandor de las luces de la ciudad de Las Vegas, al igual que el brillo de los diamantes, son el acompañante para un arte donde, como lo fue en Mean Streets y Goodfellas, el color rojo sigue siendo fundamental en esta historia de violencia, poder y codicia.

Más allá de unas excelentes interpretaciones por parte de Robert de Niro y Joe Pesci, mi atención fue directa al personaje encarnado por Sharon Stone, Ginger, pues a diferencia de Karen en Goodfellas, esta no es una mujer sumisa. Scorsese no deja de ser severo en cuanto a la dirección que le da a sus personajes femeninos, por lo que considero que a pesar del giro que tuvo el personaje de Ginger, estas mujeres siempre se esconden detrás de la figura masculina, siendo la seguridad e independencia algo imposible de lograr. En todo caso, para Ginger el dinero era su principal objetivo, por lo que las mentiras y manipulación a quien fuese eran su premisa durante toda la película, tomando acciones sin importar las consecuencias, las cuales la llevan a un trágico final. 

Karla Urquía