domingo, 10 de noviembre de 2013

Casino: Los invitados

Cuando uno es un invitado, uno se adapta a cómo funcionan las cosas en el sitio a donde llegó. Pero los mafiosos en Casino hicieron de Las Vegas su casa, pasando sutilmente por eso encima de todo y de todos. Las consecuencias no tardaron en aparecer.


Estos mafiosos jugaron por sus propias reglas del juego, se rigieron según las normas apegadas a su estilo de vida y juzgaron según su propio código moral. Pero a diferencia de Goodfellas y de Mean Streets, ya no están en su “pequeña Italia” de Brooklyn, aquí  son invitados. El contexto es tan hostil como un desierto, literalmente como el desierto de Mojave que rodea Las Vegas. Palabras lapidarias las que le dice el vaquero a Ace, Sam Rothstein, luego de que éste despidiera a su inútil cuñado del casino: “Mr Rothstein, su gente nunca comprenderá cómo funcionan las cosas aquí. Son todos invitados pero actúan como si estuvieran en casa. Déjame decirte algo, socio. Esta no es su casa”.


Estamos nuevamente en el área moral, en la que Scorsese insiste. Una vez más aparece el tema de la infidelidad amorosa, familiar y comunal. El contraste en el que se mueven los personajes entre infidelidad y lealtad es casi irónico. Tan contradictorio como cualquier figura no-ficcional.


A diferencia de Goodfellas, en cuanto a la infidelidad en relación de pareja, en Casino ésta recae sobre el personaje la esposa, Ginger (Sharon Stone), quien traiciona a Ace con su amigo de la infancia Nicky. Esto termina de detonar la relación de Nicky y Ace que viene mal por los ruidosos e innecesarios problemas que Nicky está ejecutando, salpicando la buena imagen de hombre de negocios que ha intentado construir Ace. Paradójicamente, en la distancia tomada por los conflictos entre ambos caballeros, Ginger drogada y desesperada por tener su parte del dinero le suplica a Nicky, su nuevo protector y amante, que mate a Ace. “Lo conozco desde hace 35 años. De verdad crees que lo voy a matar por ti?”, responde Nicky. Infidelidad versus lealtad.
 

Una vez más vemos cómo los superiores, los de “arriba”, se involucran los conflictos amorosos para detenerlos. En una genial escena, Gaggi le pregunta a Frankie, el más cercano de Nicky, si este último realmente está teniendo una aventura con la esposa de Ace. La imagen en pantalla se congela con un plano medio corto de Frankie y se convierte en el narrador. En voz en off escuchamos cómo Frankie tomó la decisión de arriesgar su vida y mentirle al más alto de todos los superiores de la mafia salvarle la patria a Nicky, aunque sabía que tarde o temprano ninguno (ni Ace, ni Ginger ni Nicky) tendría salvación. Infidelidad versus lealtad. En Casino, el mayor problema está en que este tipo relaciones extra-maritales son malas para el negocio. En tanto que en Goodfellas, la respuesta que le dan a Henry cuando quiere dejar a Karen es que lo más importante es la familia. Una vez más el recuerdo de que ya no estamos en casa, en la Pequeña Italia, sino en Las Vegas, y aquí lo primordial es el negocio.

 


Una vez más, Scorsese nos muestra los mejores momentos de un imperio y su caída. Vemos cómo al principio de la historia importa la distribución en partes iguales de los blueberries para los ponquecitos, y cómo al final, lo único que importa es cómo hace cada personaje para pelear por lo que cree suyo, para obtener todos los "ponquecitos" que creen que les pertenecen. Pero malas decisiones fueron tomadas en el camino y las consecuencias no tardan en llegar, tal como presagió el vaquero Patt Webb.

Por Rebecca Perich 

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