jueves, 20 de junio de 2013

¿Siniestra redención?


     Un taxista que busca limpiar la mugre de la sociedad y así limpiarse a sí mismo. Un joven desdichado y  desagradable, pero que el encuentro con una mujer lo impulsa a ser alguien mejor. Un boxeador que ve el perdón en el ritual que representa su profesión. Y así vamos. Estos son ejemplos de lo que podemos encontrar en los personajes protagónicos del cine de Scorsese. Todos y cada uno de ellos se encuentran en una lucha eterna con sus demonios personales. Siendo así, no es difícil llegar a la conclusión que el tema de la culpa y la redención es un factor común y fundamental en todos los largometrajes de este director.

     Sin embargo, si es cierto que el cine de Scorsese ha cambiado con el tiempo  y se ha ido aferrando  a lo que las casas productoras desean crear para las masas y no al ingenio del director,  el factor culpa-redención es un elemento clave que se mantiene firme en los largometrajes que dirige el famoso ítalo-americano.

    Shutter Island, conocida en Hispanoamérica como La Isla Siniestra, es un largometraje de suspenso y misterio basado en la novela escrita por  Dennis Lehane.  Se estrenó en el 2010 y junto con Hugo (2011) representa una nueva faceta en el cine de Scorsese.

      La historia gira en torno al agente federal Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y su compañero Chuck Aule. Ambos se encuentran en una isla conocida como Shutter Island la cual es usada como un centro psiquiátrico para criminales. Daniels y Aule investigan el caso de Rachel Solando, una paciente que desapareció misteriosamente. A medida que la investigación va avanzando, Teddy va enfrentándose a una serie de pesadillas y sospechas; el personaje empieza a caer en sus propios demonios y en los del entorno: quizás la locura es más contagiosa de que él esperaba.

     Ahora bien, Teddy Daniels tiene un pasado que no lo deja en paz: su esposa Dolores (que sufría de depresión) murió unos años atrás en un sospechoso incendio. La sombra de este hecho lo acosa. No lo deja dormir. Las cosas en la isla cada vez son más raras y nuestro personaje empieza a dudar de sus capacidades. La película llega a un punto alucinante en donde Daniels no está seguro de lo que busca en Shutter Island, de quién es o quiénes son esos otros personajes que lo rodean. De hecho, uno mismo como espectador duda con él y hasta duda de sí mismo. Todo es muy confuso.


      El faro de la isla obsesiona a Daniels, sabe que debe buscar algo ahí y lo encuentra… Halla una realidad que no estaba seguro si quería encontrar: él no es Teddy Daniels, sino el asesino de Dolores. Un paciente más de la isla que buscaba escapar del pasado, de haber quemado viva a la mujer que amaba después de que esta ahogó a sus propios hijos. Rachel era una manera de ver a Dolores. La investigación no era más que una terapia. Nada era lo que parecía… O eso nos hace creer el resto de personajes que rodean la historia. 

      ¿Era Teddy o no? ¿Era un paciente más atormentado por su pasado? ¿Descubrió algo en Shutter Island que no debió encontrar?  ¿Murió para ser salvado, para salvar los secretos de la isla, o ambas? Todas estas interrogantes las deja la película. La respuesta depende del espectador.  

      No obstante, hay algo que sí sabemos: no hubo ni un solo momento en el que Teddy Daniels no buscara sacudirse la culpa que lo asechaba. El objetivo no era Rachel, sino la redención.

       Y si no lo creen, la frase con la que cierra la película lo dice todo:


Rebeca Benvenga

Las cosas a lo Rothstein



Al terminar de ver Casino quedé agotada. Poco tuvo que ver con la duración de la película sino con el estrés al que estuve sometida. No quería que Ace Rothestein muriese. ¿Por qué? Pues… porque yo soy así. Se supone que nuestra participación en este blog tiene que reflejar lo que pensamos de la película o que debemos responder alguna pregunta que nos hicimos al ver alguna de las obras de Scorsese. Yo he decidido reflexionar sobre la manera que Ace de hacer las cosas.

Al principio pasó por mi cabeza que tendría que ver otro matón más pero no resultó así. Por supuesto que es un hombre rudo, fuerte, insistente, inteligente, pero no es un patán, ¿o sí? Solo era un hombre listo que sabía cómo lograr que las cosas funcionaran, es decir, a su manera. His way or the highway. ¿Lo dudan? Las palabras del propio Ace me ayudan en este caso.

“Listen to me very carefully. There are three ways of doing things around here: the right way, the wrong way, and the way that I do it. You understand?” Ace Rothstein.
Cuando me detengo a pensar en ese estilo de vida –o en el estilo de vida de Ace en Casino-, pienso que se justifica su manera de ser y de pensar. Quiero decir, no se le puede pasar ni un detalle. ¿No eres dueño del lugar? ¿No quieres que tu casino sea el mejor de Las Vegas? ¿No te gusta que te vean bien desde casa? ¿No te gusta tener a tus jefes mafiosos contentos porque les generas ganancias? ¿No te gusta sentir que dominas cada aspecto de tu vida y que eres bueno en ello?

Por supuesto, con una actitud como esta, estando uno tan seguro de que lo que está haciendo lo está haciendo bien, podemos ganarnos algunos enemigos. Pero eran los resultados y las ganancias de Ace lo que lo mantenían a salvo.

¿Qué era la vida de Ace sino estar constantemente trabajando? Este voice over ilustra perfectamente a lo que me refiero:

“In Vegas, everybody's gotta watch everybody else. Since the players are looking to beat the casino, the dealers are watching the players. The box men are watching the dealers. The floor men are watching the box men. The pit bosses are watching the floor men. The shift bosses are watching the pit bosses. The casino manager is watching the shift bosses. I'm watching the casino manager. And the eye-in-the-sky is watching us all”.
Así veo a Ace. Con los pantalones bien puestos y los ojos en todos lados. Trabajo, trabajo y más trabajo. Completamente centrado y determinado a triunfar, a hacer las cosas como tenían que hacerse, o al menos eso me hizo pensar. Supongo que tendría algún negocio turbio y algún secretillo y no dudo que supiera que mantener la legalidad de las cosas –aunque fuera en apariencia- lo ayudaría con la policía y las autoridades.
Todo estaba bien hasta que llegó Ginger. Ginger, con su linda figura y su par de ojos coquetos. Y Ace con la seguridad de que ella lograría amarlo con el pasar del tiempo. ¿Cuánto amaba Ace a Ginger? Demasiado. ¿Cuánto llegó a mortificarse por ella? Más de lo muchos hubieran soportado (hombres y mujeres por igual). Casi se me rompe el corazón porque sé que, en parte, ella fue una de las asperezas que hizo que la relación entre Nicky Santoro y Ace se deteriorara tanto que la situación en Las Vegas empezó a llamar –más- la atención de los jefes, que los vigilaban desde casa.

A Ace la situación se le tornó complicada. Tensión en cada fotograma porque sabía –creía que sabía- cómo terminaría todo. Al final, Ginger salió de la vida de Ace y todo fue mucho más tranquilo. Después de que intentaran asesinarlo, Sam Rothstein dejó Las Vegas y se dedicó a cuestiones más pausadas – ¿truculentas? no lo sé-. Pero, eso sí, siempre a su manera.

Entonces pienso –y siento- que poco nos valdrá el amor y el confiarle nuestra vida a alguien (Ginger, en este caso) si, primero, no es alguien que se ha ganado nuestra confianza y ha demostrado ser digno de ella; segundo, si ese alguien está completamente sumido en una relación egoísta consigo mismo y; tercero, si la persona en cuestión no responde nuestra confianza con la misma moneda.

Las relaciones se pueden llevar lo mejor de nosotros. En nada estuve de acuerdo con Nicky Santoro en tres horas de película, excepto en esto:

“A lot of holes in the desert, and a lot of problems are buried in those holes. But you gotta do it right. I mean, you gotta have the hole already dug before you show up with a package in the trunk. Otherwise, you're talking about a half-hour to forty-five minutes worth of digging. And who knows who's gonna come along in that time? Pretty soon, you gotta dig a few more holes. You could be there all fuckin' night”.
En otras palabras, hay que hacer las cosas a nuestro modo –como Rothstein- pero siempre, sin importar lo que nos cueste, tenemos que hacerlas bien.

Mónica García del Castillo M.

Scorsese y la música

Por: Gabriela De Atouguia



La música, además del cine, es una de las pasiones más grandes de Martin Scorsese.  No es casualidad que el director se haya involucrado en la creación de varios documentales sobre este mundo, como lo son The Last Waltz, Shine a Light y George Harrison: Living in the Material World. Además, dirigió un magistral videoclip para el sencillo Bad del cantante Michael Jackson y un  largometraje musical llamado New York New York, protagonizado por los actores Robert DeNiro y Liza Minelli. Incluso en uno de sus primeros cortometrajes llamado It's Not Just You, Murray!, hay un pequeño número musical, dejando así al descubierto que desde en sus inicios en el cine, la música ha sido un tema importante para él.  

Sus influencias y gustos musicales, suelen encontrarse en las bandas sonoras de sus filmes en los cuales predominan grandes clásicos de la historia de la música popular; bandas como los Rolling Stones (siendo una de las favoritas del director, cuya canción Gimme Shelter se encuentra en Goodfellas, Casino y The Departed) y el cantante Tony Bennet , son interpretes recurrentes en sus películas.

Estas canciones son meticulosamente seleccionadas y con tal exactitud que logran hacer que las escenas resalten, sobre todo en sus películas relacionadas a la mafia. Scorsese consigue que la música deje de jugar un simple papel de acompañamiento o circunstancial, e incluso logra que vaya más allá de representar las emociones y el mundo interno de los personajes, haciendo que sea un protagonista más de la historia.

Sin duda alguna, las películas de Scorsese no serían lo mismo sin su banda sonora.  Por ejemplo, es casi imposible actualmente pensar en mafiosos irlandeses sin recordar los hilarantes acordes de I’m Shipping Up to Boston  de la banda de irish-punk Dropkick Murphys, utilizada numerosas veces en diversas escenas de The Departed.

 
Y en el caos de la violencia callejera y la corrupción mostrada en la escena inicial de dicha película sin evocar al Gimme Shelter de los Rolling Stones.

O pensar en la mirada de satisfacción de un mafioso Robert DeNiro, mientras fuma un cigarrillo al ritmo de Sunshine Of  your Love de Cream, en Goodfellas.


 
E incluso, recordar el romance a primera vista de los personajes de Robert DeNiro y Sharon Stone en Casino, mientras Love is Strange de Mickey y Silvia parece sonar como en un tocadiscos dentro de la cabeza de DeNiro.





El método De Niro ejemplificado en Mean Streets y Taxi Driver

El Método es una técnica desarrollada por Konstantin Stanislavski  que busca la sensibilización con el mundo interno del personaje; en un desborde de emociones el actor o actriz buscará sus memorias más intensas y las utilizará para conectarse con el personaje que interpreta. Ésta es una de las maneras más intensas de “vivir” un personaje y uno de los más notables profesores de este sistema fue el maestro de arte dramático, Lee Strasberg, quien fue uno de los profesores de Robert De Niro.

De Niro, ha venido aplicando esta técnica para caracterizar cada uno de los personajes que ha tenido la oportunidad de representar y llama mi atención la compenetración que logra con cada uno. Lo vemos desde Mean Streets, papel que lo llevaría a ganar un National Society of Film Critics Award como Mejor Actor de Reparto.


Lo vemos también en Taxi Driver, que lo llevó a ser nominado al Oscar como Mejor Actor. Y es que para esta película, De Niro pasó varias semanas a bordo de un taxi en Nueva York para entender cómo era vivir siendo taxista en La Gran Manzana.


Y son estas acciones lo que hacen las actuaciones de Robert De Niro tan magistrales, pues ha sabido utilizar El Método para hacer sus personajes más creíbles, algo que desde el inicio es complicado dada la naturaleza de los mismos, jóvenes inestables: Johnny Boy en Mean Streets es un joven sin preocupaciones por el futuro que vive pidiendo prestado más dinero del que puede pagar en un entorno de mafia en medio de Little Italy; y Travis Bickle, un veterano de la guerra de Vietnam con toques de sociopatía que dedica sus noches a manejar un taxi amarillo en Nueva York.


Este par de brillantes actuaciones le abrieron a Robert De Niro las puertas de una larga carera actoral que sigue dando frutos en el cine norteamericano, dándole fama a nivel mundial y haciendo del nombre de De Niro un sinónimo de excelencia en la representación de sus personajes.

Pero este trabajo no ha sido sólo parte del gran esfuerzo del actor, también el director se ve envuelto en la creación del personaje y es aquí donde entra Martin Scorsese, después de todo, la razón por la cual podemos ver a Robert y sus laureados personajes. Scorsese supo darle el impulso que le faltaba para terminar de moldear sus personajes y por ello, el actor se ha mostrado agradecido. En 2003 fue galardonado con un American Film Institute Life Achievement, premio que presentó Martin Scorsese y ambos se dedicaron unas sentidas palabras:

Ana Paola Delgado

miércoles, 19 de junio de 2013

Divagaciones sobre una edad inocente

Por: Maryoly Ibarra




  "En un mundo de hipocresía y traición, ellos se atrevieron a romper las normas." Y no solo Newland Archer y Ellen Olenska osaron a violentar las convenciones sociales de la burguesía neoyorquina del siglo XIX; sino también Martin Scorsese al mostrar que la violencia y la culpabilidad pueden personificarse en una figura femenina, a pesar de que sus antecedentes filmográficos vinculan estos conceptos con la virilidad. Scorsese demuestra que su cine ya no es un cine de hombres.

  Asimismo, revela que no es un director que se limita a un género cinematográfico y que puede “expandir sus creaciones” y seguir representando los aspectos más mundanos del hombre. En ‘Age of Innocence’, una película de época ajena a la filmografía «scorsesiana», comprueba que la hipocresía y el afán por la apariencia no permutan en el tiempo y espacio.

   El cineasta estadounidense, habitualmente, utiliza a la mujer como detonante de las acciones de personajes masculinos, pero en ‘Age of Innocence’ toma un protagonismo tal que minimiza a Newland Archer a un rol convencional.

  Scorsese no expone una violencia brutal como la de ‘Raging Bull’(1980) o la de ‘Cape Fear’ (1991), predecesora inmediata de ‘Age of Innocense’ sino que ofrece una más sutil que es acentuada por la crudelísima May Welland. Cuando ‘la virgen’ le expresa a su esposo que está embarazada con la intención de que se aleje de su prima Ellen Olenska es “un momento de castración” para Newland, como lo define Jorge Gardoni. Es decir, el personaje inmaculado utiliza la violencia por medio de la inserción de la culpa.


  En su artículo “La mujer en el cine de Scorsese”, Luis Tormo identifica dos tipos de mujeres en el cine del director neoyorquino.

   El primero habla de “La mujer soporte [un] esquema tradicional dentro de sociedades tradicionales [que] supone el apoyo a la figura masculina. Son las mujeres que aguantan a sus maridos porque ese es su papel en esas sociedades” (Tormo: ¶4). El personaje de May parece encajar en esta tipología pero al momento en que emascula a su esposo se convierte en lo que Christopher Vogler llamaría «shapeshifters», cambia su comportamiento y apariencia con la finalidad de embaucar al héroe.

   Por otra parte, plantea “La mujer tentación siguiendo un esquema no menos tradicional, es la mujer que supone la fuerza, la vitalidad, la tentación y que mueve al personaje masculino a actuar en determinado sentido” (Tormo: ¶5). La personalidad de Ellen pertenece a esta clasificación, toda vez que parece identificarse con una femme fatale o con una Eva. En este punto, Scorsese aprovecha de introducir tácitamente su constante referencia al catolicismo.

   Olenska también es víctima de la culpa y busca redimirse con el alejamiento de su ser amado. Scorsese universaliza la violencia, la culpa y la redención.
Creo que no es un cine de mujeres ni de hombres; lo podemos sintetizar como un cine inspirado en la violencia de las relaciones humanas y manejadas desde esa óptica, y en cuanto a la violencia en las relaciones humanas no hay género. (Gardoni, J. cp. Díaz, A: 2012:¶21)
Fuentes:


 - Díaz, S (2012, noviembre 17). Las mujeres de Scorsese: evidencia de compasión. Butaca Ancha. Recuperado el 12 de junio de 2013 en http://butacaancha.com/las-mujeres-de-scorsese-evidencia-de-compasion/

- Tormo, L (-). La mujer en el cine de Scorsese. Encadenados. Recuperado el 12 de junio de 2013 en http://www.encadenados.org/17_encadenados/rashomon.htm

domingo, 16 de junio de 2013

J. R.: Miedo y confusión

Por: Daniel Sosa


Who’s that knocking at my door es el debut de Martin Scorsese como director y guionista de un largometraje. Scorsese decide contar la historia de un momento específico de un hombre, J.R., que puede no ser muy agradable, ni el personaje más carismático, pero conoce a una mujer y comienza a replantearse su situación actual, la de él como persona y la de una posible vida de ellos como pareja.

Tal como se mencionó, J.R. puede pasar como una persona poco agradable, incluso con problemas para relacionarse, en especial con una mujer, pero, ¿es esto culpa de J.R.? Al igual que la juventud de Scorsese, la vida de J.R se resume a unas pocas calles de Little Italy en New York donde vive el día a día con sus amigos, donde reina el más astuto, él más rudo, además del lugar donde la figura del hombre no se coloca al mismo nivel que una mujer, sino se limita a hacer que ella obedezca, la ve solo como un objeto, pues él es superio; y no solo todo esto, sino que este estilo de vida genera un conflicto continuo con la religión.

El catolicismo es un elemento muy fuerte y constante en la cultura italiana inmigrante, la forma en la que J.R. vive su vida choca con lo que él debe creer y hacer; esto le genera miedo, culpa, pero, ¿qué debe hacer J.R.? Su forma de vivir es lo que lo deja seguir día a día y continuar, sus preocupaciones son inmediatas, J.R., no piensa en redimirse, no quiere salvarse, no piensa en ayudar a los demás, sino en qué hacer ahora mismo, cómo solucionar su situación actual con la mujer con la que está saliendo, cómo no ser castigado por acostarse con ella antes del matrimonio sin quedarse con las ganas de no haberlo podido hacer, es decir, realmente J.R. no sabe qué hacer, está confundido, tiene miedo e intenta solucionar todo de la manera en la que él cree que se deben hacer las cosas, pero que obviamente no es la correcta sino la mala concepción que su ambiente y compañeros le han hecho creer.


Esto no es un intento de justificar a J.R. y verlo como una simple víctima, alguien que realmente no es culpable de lo que hace y dice, sino un acercamiento al motivo de por qué es así, de la razón o unas de las razones. Esto, realmente, es una manera de entender al personaje y jugar a pensar qué pasaría y cómo sería la situación si J.R no estuviese rodeado por estas paradojas en su vida, si de verdad no estuviese consumido por el miedo, lo que al final termina haciendo que esté muy confundido.

jueves, 13 de junio de 2013

MEAN STREETS: Rockola

Por: Luis Alejandro Ruiz


   Existe un fenómeno muy particular en la película Mean Streets (1973) de Scorsese con respecto al soundtrack: el efecto de la rockola.

   La música está construida para situar emociones, acciones o lugares en la composición, sin embargo en esta película se utiliza para dos cosas: simbolizar el sentimiento del hogar, la familia, el lugar correcto; y darle a los personajes oportunidades para elegir. ¿Qué se quiere decir con esto? El efecto de la rockola parte de las escenas en las que los personajes salen de la regla y eligen (o dan la sensación de elegir) la música que acompañará a la trama subsecuente. Así esta se desarrolle de manera violenta, romántica o simplemente una charla en el bar, la música es en algunas escenas la elección invariable de los personajes.

   Charlie, el protagonista, se deja llevar por la música a veces, dejando parte de la trama a un lado para permitirse en su feliz y desconectada ebriedad soltar su cuerpo, hasta amanecer en el suelo del bar.

   Peleas de gangsters desarrollándose bajo la música de Eric Clapton y The Rolling stones, sin cambiar un segundo de tono, crean un aspecto único y especial a lo largo de toda la película. El director nos hace creer que la música será llevada por los mismos personajes, que lo que esperamos escuchar cuando nos encontramos con escenas de de violencia, de crímenes, de sexo, no será lo que esperamos.

   A medida que el efecto de la rockola se une con otros aspectos musicales (la ópera italiana, “Addio Sogni Di Gloria”, “Canta Per’ Me, “Scapricciatiello”) hacen de Mean Streets una gran respuesta: ¿podemos permitirle a los personajes hacernos sentir las emociones que ellos eligen?, ¿Charlie puede hacerme saber lo que está en su cabeza con algo más que un diálogo, o un gesto?, ¿Y si le dejamos esa responsabilidad a alguien distinto, a alguien que no está detrás de una cabina de sonido?. Por qué no.



"Rubber Biscuit" - The Chips (Mean Streets OST)

♫ Mm-hmm, did you ever hear 
Of a wish sandwich 
Well that's the kind of a sandwich 
That is supposed to take 
Two pieces of bread 
And wish you had some meat 
Doo doo boo ♫